México se vuelve a mover a 32 años del terremoto

Por Desiree Hernández Castillo
26/09/2017

El pasado martes 19 de septiembre, justo a 32 años del aniversario del terremoto de 1985, la historia se repitió y ocurrió otro sismo en la Ciudad de México con una magnitud de 7.1 grados en escala de Richter. 


A la 1:00 de la tarde yo me encontraba en los camiones de la Anáhuac, rara vez tomo el transporte debido a que vivo muy cerca de la universidad, sin embargo este día mi ruta era con destino a Valle Dorado.  Aproximadamente 15 minutos después de haber subido, el camión empezó a moverse, por lo que creí que ya era momento de salir de la escuela pero, para mi sorpresa, sube el conductor y nos dice a todos los que nos encontrábamos ahí que estaba temblando. En ese momento, mi compañera de asiento abrió la cortina y pude observar cómo se movían los árboles que estaban cerca, así como los otros camiones que no dejaban de sacudirse.  Al ver la manera en la que se movía todo, me di cuenta que era un temblor bastante fuerte pero no pensé que fuera a causar tantos estragos, creí que sería como el de la semana anterior.

Muchos se bajaron del camión e incluso empezaron a llorar pero yo en ese momento no supe qué era mejor así que decidí quedarme sentada. Al haber confundido el movimiento del temblor con el arranque del camión, no me encontraba tan espantada como otras personas y no fue hasta que me empezaron a llegar una gran cantidad de mensajes preguntándome si estaba bien así como videos de los daños, que me di cuenta de lo terrible que fue.

El camión se tardó cerca de una hora en salir de la Anáhuac, yo aún me encontraba confundida y no sabía qué hacer por lo que decidí quedarme en el transporte e ir hasta Valle Dorado. Fue una hora de viaje y para las 3:00 de la tarde yo ya me encontraba más informada y a la vez, espantada por todo lo que había ocurrido. En ese tiempo en el camión,  me enteré por mi papá que se había caído un edificio que se encontraba en las calles de Niños Héroes y Galicia en la delegación Benito Juárez, justo en la esquina de la donde vive mi abuela por lo que apenas bajé en mi parada, mi papá me recogió y ya nos encontrábamos en camino a la colonia Narvarte.
La ciudad era un caos, el tránsito estaba a vuelta de rueda, era imposible hacer que salieran llamadas telefónicas, en muchas zonas no funcionaban nuestros datos móviles por lo que era aún más difícil comunicarnos, rumores de que estaban asaltando a los transeúntes en muchos lugares así como que habría réplicas y además, la preocupación por saber cómo se encontraba mi abuela me tenía en un estado de completa ansiedad. 

Docenas de calles cerradas debido a que la zona de La Condesa, Del Valle y Narvarte habían sido de las más afectadas complicaron aún más la llegada a casa de mi abuela pero, tres horas después mi papá y yo pudimos llegar. La calle donde ella vive estaba cerrada y fui testigo del edificio que se encontraba completamente destruido. Al ver dicho edificio colapsado sentí un hueco en el estómago, me preocupé porque no sabía si había gente atrapada, inevitablemente empecé a pensar en lo peor. Me sentía en shock. 

Había mucha gente ayudando a tratar de mover los escombros por lo que entramos al edificio de mi abuela para asegurarnos de que se encontrara bien. Después de un rato y de muchos intentos fallidos en hacer que ella se fuera con nosotros, nos fuimos a casa de mi prima para pasar la noche ahí ya que intentar regresar a Interlomas nos iba a tomar muchas horas más.

A pesar de todos los sentimientos negativos que tuve ese día, también me dio felicidad ver cómo la gente se unió. Vi una gran cantidad de civiles ayudando a agilizar el tránsito, a mover escombros y cooperando de cualquier manera posible.
 
Al día siguiente, fui a la Anáhuac al centro de acopio y realmente me sentí muy conmovida al ver tanta gente de todas las edades ayudando por lo que pienso que esto, aunque fue una tragedia, sacó lo mejor de las personas. 





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