México se vuelve a mover a 32 años del terremoto
Por Desiree Hernández Castillo
A la 1:00 de la tarde yo me encontraba en los camiones de la Anáhuac, rara vez tomo el transporte debido a que vivo muy cerca de la universidad, sin embargo este día mi ruta era con destino a Valle Dorado. Aproximadamente 15 minutos después de haber subido, el camión empezó a moverse, por lo que creí que ya era momento de salir de la escuela pero, para mi sorpresa, sube el conductor y nos dice a todos los que nos encontrábamos ahí que estaba temblando. En ese momento, mi compañera de asiento abrió la cortina y pude observar cómo se movían los árboles que estaban cerca, así como los otros camiones que no dejaban de sacudirse. Al ver la manera en la que se movía todo, me di cuenta que era un temblor bastante fuerte pero no pensé que fuera a causar tantos estragos, creí que sería como el de la semana anterior.
Docenas de calles cerradas debido a
que la zona de La Condesa, Del Valle y Narvarte habían sido de las más
afectadas complicaron aún más la llegada a casa de mi abuela pero, tres horas
después mi papá y yo pudimos llegar. La calle donde ella vive estaba cerrada y
fui testigo del edificio que se encontraba completamente destruido. Al ver dicho
edificio colapsado sentí un hueco en el estómago, me preocupé porque no sabía
si había gente atrapada, inevitablemente empecé a pensar en lo peor. Me sentía
en shock.
Al día siguiente, fui a la Anáhuac al centro de acopio y realmente me sentí muy conmovida al ver tanta gente de todas las edades ayudando por lo que pienso que esto, aunque fue una tragedia, sacó lo mejor de las personas.
26/09/2017
El pasado martes 19 de septiembre,
justo a 32 años del aniversario del terremoto de 1985, la historia se repitió y
ocurrió otro sismo en la Ciudad de México con una magnitud de 7.1 grados en
escala de Richter.
A la 1:00 de la tarde yo me encontraba en los camiones de la Anáhuac, rara vez tomo el transporte debido a que vivo muy cerca de la universidad, sin embargo este día mi ruta era con destino a Valle Dorado. Aproximadamente 15 minutos después de haber subido, el camión empezó a moverse, por lo que creí que ya era momento de salir de la escuela pero, para mi sorpresa, sube el conductor y nos dice a todos los que nos encontrábamos ahí que estaba temblando. En ese momento, mi compañera de asiento abrió la cortina y pude observar cómo se movían los árboles que estaban cerca, así como los otros camiones que no dejaban de sacudirse. Al ver la manera en la que se movía todo, me di cuenta que era un temblor bastante fuerte pero no pensé que fuera a causar tantos estragos, creí que sería como el de la semana anterior.
Muchos se bajaron del camión e
incluso empezaron a llorar pero yo en ese momento no supe qué era mejor así que
decidí quedarme sentada. Al haber confundido el movimiento del temblor con el
arranque del camión, no me encontraba tan espantada como otras personas y no
fue hasta que me empezaron a llegar una gran cantidad de mensajes preguntándome
si estaba bien así como videos de los daños, que me di cuenta de lo terrible
que fue.
El camión se tardó cerca de una
hora en salir de la Anáhuac, yo aún me encontraba confundida y no sabía qué
hacer por lo que decidí quedarme en el transporte e ir hasta Valle Dorado. Fue
una hora de viaje y para las 3:00 de la tarde yo ya me encontraba más informada
y a la vez, espantada por todo lo que había ocurrido. En ese tiempo en el
camión, me enteré por mi papá que se
había caído un edificio que se encontraba en las calles de Niños Héroes y Galicia en la delegación Benito Juárez, justo en la esquina de la donde vive mi
abuela por lo que apenas bajé en mi parada, mi papá me recogió y ya nos
encontrábamos en camino a la colonia Narvarte.
La ciudad era un caos, el tránsito
estaba a vuelta de rueda, era imposible hacer que salieran llamadas telefónicas,
en muchas zonas no funcionaban nuestros datos móviles por lo que era aún más difícil
comunicarnos, rumores de que estaban asaltando a los transeúntes en muchos
lugares así como que habría réplicas y además, la preocupación por saber cómo
se encontraba mi abuela me tenía en un estado de completa ansiedad.
Había mucha gente ayudando a tratar
de mover los escombros por lo que entramos al edificio de mi abuela para
asegurarnos de que se encontrara bien. Después de un rato y de muchos intentos
fallidos en hacer que ella se fuera con nosotros, nos fuimos a casa de mi prima
para pasar la noche ahí ya que intentar regresar a Interlomas nos iba a tomar
muchas horas más.
A pesar de todos los sentimientos
negativos que tuve ese día, también me dio felicidad ver cómo la gente se unió.
Vi una gran cantidad de civiles ayudando a agilizar el tránsito, a mover
escombros y cooperando de cualquier manera posible.
Al día siguiente, fui a la Anáhuac al centro de acopio y realmente me sentí muy conmovida al ver tanta gente de todas las edades ayudando por lo que pienso que esto, aunque fue una tragedia, sacó lo mejor de las personas.

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